De tu voz a tu presencia
Hay un mar de impaciencia
que arrastra olas cargadas del mismo pensamiento:
no vendrá.
La ventana es mi enemiga acérrima
y las luces de un coche solo indican:
no es él.
Y pasan minutos que parecen horas,
Me canso de tu ausencia y escribo discursos para
no esperarte más
Y entonces,
tocas la puerta
y en lugar de discursos,
angustia,
impaciencia
Queda solo una pregunta que brota sin pensar:
¿Me besas?
{8 Enero 2009} La espera